Íbamos subiendo tranquilamente la cuesta hacia la casa de mi hospedero cuando, señalando cuatro latas de aluminio, comenta con singular alegría: “¡Oh! ¡mira! alguien nos ha regalado un euro.” Sin comprender el sentido de sus palabras, y poco interesado por un puñado de basura, continué caminando sumergido en mis pensamientos en torno al nuevo destino de mi viaje.

La historia hubiera terminado ahí, y yo hubiera felizmente olvidado el asunto de no ser porque un par de días después, al ir de compras al supermercado, mi hospedero volvió a sacar el tema de las latas diciendo: “ven, por acá canjeamos el regalo”. Intrigado por el misterio de las latas le seguí hasta una máquina con una pantalla y un hueco circular. Sonriente, mi camarada introdujo una a una las latas y al final la pantalla indicaba € 1.00. Un click y un ticket se imprimió para nosotros. Al final de las compras mi hospedero entregó el ticket como si fuera una más de las monedas con que pagamos.

Tan pronto como me enteré de cómo funcionaba eso de las botellas canjeables (“pfand” se traduce algo así como “depósito” en español.) me vino a la mente la cantidad de latas, botellas y cualquier cantidad de envases de plástico que durante mis caminatas había visto por ahí… Desde ese momento, nunca perdí oportunidad de coleccionar los reciclables que encontraba durante mis expediciones al bosque, y el resultado fue fantástico: ¡vacaciones pagadas en Alemania!

Así pués, y esperando el dato le sea de utilidad a otros viajeros escribiré aquí algunos detalles pertinentes en torno al arte de convertir basura en dinero de la manera más sencilla que nunca se vió

1. Un poquitito de historia, para entrar en contexto.

La historia del depósito en los envases puede ser que comience hacia 1799 cuando en Irlanda se ofrece la cantidad de dos chelines por docena de recipientes de “agua mineral artificial” que sean regresados.

La idea es estupenda, y resulta natural ya que se piensa al respecto: estimulando a los consumidores a regresar los envases se reduce la basura producida y los gastos de producción en nuevos contenedores. Así, se beneficia tanto el medio ambiente como la empresa. Desde el siglo XIX varios países se han ido sumando a la idea. Hoy día al modo de Alemania (que comenzó a hacerlo hacia el 2002) son varios los países que ofrecen dinero por los envases regresados, pero a diferencia de los dos chelines ofrecidos en Irlanda como recompensa, hoy día el dinero ofrecido es pagado por los mismos consumidores como un “extra” al momento de hacer la compra. Esta maniobra pretende estimular de modo más sugerente a los consumidores a reciclar.

2. ¿Cómo funciona el depósito (Pfand) en Alemania?

Básicamente, al momento de comprar una bebida en un supermercado, se te aplica una cuota adicional que llaman pfand. La cuota puede ir desde € 0.25 como máximo, en el caso de envaces que no pueden volver a usarse (latas y algunos plásticos delgados), hasta € 0.8 como mínimo, en el caso de botellas de cerveza. Así pues, como decía, al hacer la compra dejas un depósito que se supone recogerás íntegro al regresar el envase. En la mayoría de los supermercados el retorno se hace en una máquina como la que se muestra en la imágen, la cual recibe los reciclables uno a uno, leyendo el código de barras y examinando el peso, tamaño y forma del envase.

3. Pfand y las vacaciones pagadas.

Así pues, y no obstante los intentos del gobierno alemán por concientizar a la gente acerca del reciclaje, es común encontrar cualquier cantidad de botellas en las calles, parques y senderos; estos objetos son regalitos dejados ahí por otras personas, que previamente han pagado un depósito, pero que por alguna u otra causa decidieron no recogerlo y deshacerse del envase.

De este modo, durante mis caminatas por la selva negra me propuse colectar toda botella que encontrara en mi camino, y el resultado fue insospechado: ¡prácticamente la mitad de mis gastos fueron cubiertos por los dichosos envases!

Felices viajes O.O

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