1. Sentimientos introductorios

Poco se sabe de la cosmovisión de los Térrabas y la historia de su llegada al actual territorio que ocupan, y aún de eso es poco lo que logré sacar en limpio en mi confundida cabeza… pero estando una semana con ellos me dí buena idea de quienes son, de la fuerza del latir de su corazón de resistencia y de la violencia de que son víctimas.
Cuando llegué al pueblo bien pronto pude esbozar una imagen de su esencia: A lo largo del camino principal letras rojas anunciaban “Térraba: pueblo de lucha y resistencia”, la primera casa que visité tenía en su pared una fotografía del Ché Guevara y durante la primera plática que sostuve con un indígena él me reveló: “el sello de nuestro pueblo no son máscaras o el cacao, no son ocarinas o bailes tradicionales… nuestra  marca, lo que nos define, es la lucha y la resistencia.”

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Con ellos trabajé una semana en un campo de Yucas, platiqué por las noches, escuché y observé. Enseguida comparto el relato de un enfrentamiento que significó la lucha por el cumplimiento de viejas promesas y que marcó el inicio de un movimiento que no hace sino crecer…

2. Un incidente a modo de ilustración

Aún siento emoción sólo de recordar la impresión que me causó escuchar el relato aquella tarde. Ella una mujer severa, de unos sesenta y cinco años, traía de su interior la memoria de una semana que cambió para siempre su vida y la de muchos otros. “Fue hacia un 22 de Febrero del año 2012”, dijo sin dudarlo. “Hacia las nueve de la mañana, luego de nueve días de sitio, las fuerzas del gobierno trataron de irrumpir en el colegio que hacía nueve días teníamos tomado.”

Lo que los Teribes exigían era justo, y en San José eran conscientes de ello: al momento de la negociación la respuesta fue inmediata, y el gobierno aceptó las condiciones de los indígenas. Pero el camino a la negociación fue largo. Los Teribes en Costa Rica son uno de los grupos indígenas menos numeroso y ello ha llevado a un olvido paulatino de su idioma y su cultura, y por ello el gobierno ha tratado (según la interpretación de algunos en Térraba) de desaparecerlos, siendo el sistema de educación la vena por la que parecían querer introducir el veneno letal.
Las aulas eran de lámina y poco ventiladas; parecían más bien jaulas para animales. Los profesores mestizos no tenían ni idea de la cultura con la que trataban: los niños, aunque por ley debían recibir clases de profesores indígenas donde se inculcara la cultura y se enseñara el idioma, pasaban sus estudios siendo instruidos por personas que desdeñaban el origen indígena: violencia psicológica. El gobierno se sabía en falta, y por ello había dispuesto presupuesto para la construcción de un nuevo colegio en este territorio indígena; pero el dinero es un fluido viscoso, dicen los que saben, y el proyecto fue posponiéndose año tras año, hasta el 2012.
Cuando las fuerzas del gobierno rompieron el cerco hacia las nueve de la mañana las ambulancias ya esperaban para llevarse a los indígenas heridos… o muertos; y ellos se encomendaban secretamente a Sibú, a Dios. Niños, ancianos, mujeres y jóvenes, todos formaban un equipo bien organizado en el que cada quién tenía una tarea asignada: periodistas, negociadores, comunicadores y hasta cocineros: estaban preparados para resistir el sitio hasta por un mes, pero el cerco fue violentado, y hombres armados con machetes, alambres y martillos irrumpieron en un ataque  bestial, pero ninguno se imaginaba el desenlace: cuando los enfermeros ingresaron al edificio a recoger los heridos se encontraron con que la mayoría de la gente que necesitaba atención eran de los mismos atacantes…

El recuento de los hechos, como lo cuentan los Teribes, rosa la fantasía, pero es claro que ese día en el colegio algo extraño ocurrió: “al irrumpir las fuerzas enemigas se empezaron a comportar como si les fallara la vista: entre tropezando iban tentando con sus manos, y tan pronto encontraban un cuerpo, le miraban frunciendo el ceño y, acto seguido, iban blandiendo machetes y martillos barriendo con lo que encontraban a su paso… pero era entre ellos mismos que iban peleando…” recuerda uno de los relatores. Entre ellos recuerdan que fue sólo al final que escucharon que sus enemigos habían sido cegados por una nube, la cual les impedía la vista, en cuya adversa condición iban atacando a diestra y siniestra lo que sentían que se movía, pero los teribes no vieron ninguna nube, y para ellos todo era claro… De este modo el enfrentamiento terminó con un mínimo de heridos para los indígenas (aunque con la lamentable pérdida de un joven compañero).

Su triunfo les permitió poner al gobierno de rodillas y encontrar cumplimiento a muchas de sus demandas, entre ellas la construcción del colegio (uno de los de mejor infraestructura en el país, para el cual se destinó la nada despreciable cantidad de 6 millones de colones), la asignación de profesores indígenas en las escuelas, y un trato más digno… Pero la principal ganancia fue el golpe psicológico que esta lucha dio en la memoria colectiva indígena de Costa Rica…

La lucha indígena por sus derechos continúa, y no es sólo una que llevan a cavo los Teribes, sino todos los pueblos indígenas en Costa Rica…
En el siguiente vídeo se muestran algunas imágenes de los hechos:

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