12745567_1272387982776403_9026521616139048391_nLas anécdotas se suman una tras otra, y todo lo voy anotando en mis libretas. Cada día trae nuevas aventuras y desventuras; ojalá tuviera tiempo para compartirlo todo… no obstante la austeridad de mi viaje me obliga a guardarme mucho.

Durante mi paso por los Balcanes hay una sensación de palpar su historia… La guerra que vivieron en Bosnia i Herzegovina (BiH en adelante) en los noventas late aún en sus edificios destruidos marcados en muchos casos por rafagas de balas, incendiados o simplemente abandonados. Leyendas e inscripciones de los tiempos del legendario Tito (quien aún vive en la memoria de quienes disfrutaron del auge de la Yugoslavia de los setentas) se dejan ver en algunas partes, y su rostro es un souvenir común.

En BiH se habla poco inglés… y poco alemán. El inglés por ser el idioma internacional, el alemán por ser la lengua de la nación que dió refugio a miles de personas que tuvieron que huir dejándolo todo. “Teníamos que aprenderlo si quieríamos quedarnos durante la guerra” me decía un hombre en el bonito pueblo de Blagaj, no lejos de la turística Mostar, en el suroeste de BiH. Y las personas con las que he podido hablar no callan la razón del colapso de Yugoslavia. Para los que lo recuerdan, en su auge de los 70’s los Yugoslavos lo tenian todo; era esta una nación pujante. La única comunista desligada de la URSS. El empleo lo tenían todos garantizado, vacaciones pagadas, buena educación y salud… no podían pedirle nada a los países del Oeste… Pero a aquellos esta buena muestra de comunismo no les gustaba… Hicieron lo posible por echarla abajo, y en Yugoslavia, históricamente, el problema ha sido la enorme diversidad étnica. Entre Cristianos, Ortodoxos, Griegos y Musulmanes, o entre croatas, serbios, albanos, eslovenos… la fisura fue siempre latente, y occidente supo cómo hacerla explotar.

Durante los noventas muchos salieron de estas tierras como refugiados, muchos volvieron pero otros tantos se quedaron atrás. Hoy la palabra refugiado ha tomado otra connotación, y aquí parece que olvidan pronto su pasado próximo. Millones de refugiados de medio oriente han tenido que pasar por los balcanes para alcanzar el “german dream” y la gente mira de soslayo a cualquiera con razgos árabes… parecen temerosos, desconfiados. Ahora el tema de los refugiados vuelve a aparecer en los balcanes, pero no son ellos los que necesitan la ayuda… y parece que MUCHOS tampoco están dispuestos a darla. En mi experiencia ha sido curioso y tengo ya algunas anécdotas acumuladas de gente en aldeas que se acerca a mi pidiéndome documentos, mas cuando confieso (y compruebo): “ja sam meksički“, la sonrisa vuelve y la hospitalidad mana lijera de su alma… Pero… y los hermanos Sirios?

 

 

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